Desde ya algunos meses y algunos dirían años, nos enfrentamos con el problema de los feminicidios; feminicidios es la traducción del vocablo ingles feminicide. El Diccionario lo define como: "El homicidio evitable de mujeres por cuestiones vinculadas estrictamente al género". No obstante debido a que el concepto es relativamente nuevo, el mismo ha ido evolucionando con el paso del tiempo, hoy en día se incluye: "No solamente aquellos casos que tienen que ver con la violencia física que normalmente sufren las mujeres por parte de sus maridos y parejas, sino también todas aquellas otras cuestiones que atentan contra la moral y la salud de las mujeres y que no tienen nada que ver con la mencionada violencia física". Los feminicidios pueden ir desde el asesinato de una mujer a manos de su marido, hasta el irrespeto de algún derecho de la fémina. La creación del término en ingles se les atribuye a Diana Russell, Mary Warren y Jill Radford, defensoras de los derechos de la mujer.
Teniendo en cuenta esta definición de los feminicidios, es justo decir que los mismos han estado presentes en nuestra sociedad desde tiempos remotos. Sin embargo en la actualidad la violencia física contra la mujer ha aumentado en demasía. Para muestra un botón, según el periódico dominicano Diario Libre, en lo que va del 2012 ya cien mujeres han muerto a manos de sus maridos o amantes. Y se pronostica que en el presente año, las cifras de mujeres ejecutadas sobrepasarán las 230 del año pasado. El tres de julio cuatro mujeres fueron asesinadas a manos de hombres. No hay duda alguna que el feminicidio es un problema que debemos solucionar.
Todos claman por ayuda, dirigen sus súplicas al Estado y a los organismos competentes, los cuales a su vez gritan en búsqueda de una respuesta. Se ha sugerido la creación de doce pasos, similares a los de los alcohólicos para frenar la situación ya desastrosa. Si bien todo lo anterior es útil para cesar este asunto, no creo que deba ser lo primero a hacer. Para encontrar la solución a cualquier problema, debemos primero buscar su causa. Solo así atacaremos con efectividad al mismo y tendremos más garantías de eliminarlo.
Si este razonamiento es correcto, la pregunta a hacer es: ¿Cuál es la causa de los feminicidios? ¿Qué es lo que ha pasado con la sociedad que desde varios años para acá los mismos han aumentado? Muchos responderán que es la moral que ha decaído. Otros que el portar tantas armas de fuego ha sido el detonante. De igual forma algunos dirán que es el alcohol o las drogas y de más esta decir que muchos considerarán a los hombres como causantes del problema.
Sin embargo la verdadera causa del mismo es la decadencia de la moral, pero no solamente en los hombres sino también en las mujeres. Hemos cometido el error de culpar solamente a los hombres por esto, cuando las mujeres tienen también una gran cantidad de culpa en el mismo. Es cierto que cualquier hombre, o ser humano que asesine a su prójimo por cualquier razón, excluyendo defensa propia, es un criminal y debe ser juzgado con la más alta peso que tenga la justicia. Pero no debemos olvidar que el causante del problema debe tener igual o tal vez menor culpa. Los hombres que cometen feminicidios, son una lacra en nuestra sociedad. Han abandonado su humanidad y al hacerlo han descendido el peldaño que nos separa de los animales y las bestias del campo. No hay manera de justificar el terminar la vida de un ser humano, mucho menos de una mujer. Eso es algo inaceptable, es algo vergonzoso y sin excusa.
Pero también es algo sin escrúpulos el comportamiento de algunas mujeres asesinadas por sus maridos o amantes. No todas las que han sufrido este mal son así, es cierto, pero una gran parte lo es. Las mujeres de hoy en día quieren ser las que llamen la atención en los barrios, quieren tener a todos los hombres comiendo de su mano. Quieren tener todos los amantes posibles y a veces sin importarle a quien lastiman. Viven una vida de bonche en bonche, teniendo relaciones con muchos hombres y muchas veces a escondidas de sus maridos. No miden el alcance de sus actos, creen que pueden acabar con el mundo sin tener ninguna consecuencia. Las mujeres de hoy no son como las de ayer. No tienen el mismo pudor o la misma fidelidad a sus principios y a sus parejas. Quieren vivir como colibrí, de flor en flor. No quieren las responsabilidades de un compromiso, pero sí sus privilegios. Esta actitud es también causa de los asesinatos en contra de las mujeres. Su conducta ha sido la razón de su muerte.
Según estadísticas proporcionadas por Profamilia, una entidad no gubernamental que se especializa en ofrecer salud integral, hace casi 10 años el porcentaje de feminicidios era de un 70%, para una disminución de casi un 50% en comparación con las cifras del año pasado. Y aunque es cierto que esto se debe a otras medidas tomadas en ese entonces, no es menos cierto considerar que la moral de las mujeres y su comportamiento estaba más elevado. La mayor parte de los feminicidios en la República son íntimos, suceden a manos de maridos, ex-novios, amantes y familiares de la víctima. Los hombres creen que las mujeres son sólo una mercancía que les pertenece. ¡Pero es que esa definición se la ganan las propias mujeres con su comportamiento! ¡Si una mujer quiere privar que es la que más hombres atrae en su barrio, se esta dando la cualidad de ser simplemente una mercancía en su localidad! Ella misma se esta auto irrespetando y muchas veces esto ni lo toma en cuenta. La primera que debe tratarse con amor y respeto es la mujer, y muchas veces es la primera que no lo hace.
Si se quiere parar los feminicidios, las mujeres deben darse a respetar, deben andar con pudor y castidad y no querer ser la miel de todos los hombres. Deben también serle fiel a su pareja, ya que muchos de los asesinatos en su contra se producen por infidelidad o celos por parte del hombre. Las mujeres deben dejar de querer ser el centro de atención. Lamentablemente este es un problema con siglos de antigüedad, pero aun así debe ser tratado inmediatamente.
Resalto una vez más, no todas son así. Hay una gran cantidad que se comporta de manera decente, que es fiel a sus parejas y que evita todo tipo de ambiente que puede provocar el irrespeto hacia su persona. Pero hay otra gran mayoría que no lo hace, y si se quiere detener los atentados en contra de las mismas, ellas a su vez deben poner de su parte.
Busquemos soluciones, llamemos al Estado a tomar más participación del problema. Llevemos a cabo el método de los doce pasos, pero también concentremos en elevar la moral tanto de los hombres como de las mujeres. Inculquémosle a nuestras hijas que no deben andar por la calle provocando a los hombres. Mujeres de mayor experiencia, enséñeles a sus amigas y conocidas que deben ser fieles a su pareja, que no es bueno estar dándole celos o queriendo llevarlo al extremo, con la excusa de experimentar algo nuevo. Enseñémosles a las mujeres a no darse el sobrenombre de mercancía, a ser tratadas con amor y cariño. ¡Mujeres ustedes juegan un gran papel en este problema, forman parte de la causa y pueden formar parte de la solución! Meditemos en esto y hagamos un esfuerzo para eliminar esta situación.